El teorema del líder caótico

El compromiso del equipo disminuye exactamente al mismo ritmo que aumenta el desorden arriba. A mayor desorden en la cúspide, menor implicación en la base. Una norma matemática que pocas organizaciones se paran a medir.

Recuerdo como si fuera ayer una conversación que tuve con un líder que me decía, con notable frustración, que su equipo estaba lejísimos de lo que se esperaba de ellos. Curiosamente, ese mismo líder estaba pasando por una gran lucha interior: había pasado en poco tiempo de ser autónomo con un equipo de 3 personas a gestionar un grupo de 11, y, por si fuera poco, su salud no atravesaba el mejor momento.

Cuando me decía que «en la actualidad el compromiso de los trabajadores dista de lo que necesitan las empresas», no pude evitar reflexionar. Desde fuera, la radiografía se veía con una claridad cristalina.

Incluso los trabajadores más antiguos, aquellos con más implicación en la historia de la empresa, se sentían incomprendidos y sin rumbo en cuanto el líder entraba en caos. Y si a ese desorden le sumas el hábito de tirar las pelotas fuera y culpar al entorno, la situación solo puede agravarse.

La regla proporcional

A lo largo de los años he podido confirmar lo que para mí es casi una regla aritmética de aplicación inmediata: a medida que aumenta el caos y el desorden del líder, el compromiso del equipo con el proyecto disminuye exactamente en la misma proporción.

¿Quién no conoce a un responsable, encargado o jefe que, al estar ausente laboralmente por atravesar un mal momento o estar en modo dictatorial, el equipo se siente incomprendido y por mucho que da y aporta, nunca es suficiente? El trabajador llega a pensar: por mucho que haga o me implique, no se va a acabar viendo.

Cuando esto ocurre, el equipo se desmotiva. Empiezan a caminar sin rumbo, pierden la iniciativa y se les quitan las ganas de empujar el barco. Y no es por falta de profesionalidad: es porque todo lo que reciben desde arriba es confusión y falta de dirección.

Parar, observar y mirar hacia dentro

Un líder inmerso en el caos lo primero que debe hacer es parar, observar y mirar hacia dentro.

Esto no significa que los líderes no puedan transitar por momentos complicados en su vida o que no tengan derecho a bajar el ritmo. Todo lo contrario. Significa que deben aprender a gestionar sus crisis personales con la misma madurez con la que creen gestionar las empresariales. Cuando un líder logra transitar sus momentos difíciles con transparencia y estructura, el equipo se mantiene firme; tal vez no aumente su compromiso durante esa etapa, pero desde luego no se destruirá.

En momentos de zozobra, todo líder debería aplicar tres máximas:

  • Observar antes de actuar.
  • Ofrecer claridad antes que velocidad.
  • Saber frenar antes que acelerar.

Cuando lo haces, te das cuenta de que el propio equipo es tu mejor termómetro.

El reflejo en el espejo

Cuando ves una empresa con una rotación de personal desorbitada y un equipo poco consolidado, la historia no nos habla de la «falta de compromiso» de los trabajadores. Nos habla del líder y de la cultura de esa empresa.

Es cierto que hoy en día los valores laborales son muy diferentes a los de décadas anteriores. Las prioridades han cambiado. Pero con más motivo aún: un trabajador que encuentra en su líder claridad en las tareas, orientación, un entorno ordenado y posibilidades reales de crecimiento, termina construyendo un nivel de compromiso con el proyecto que probablemente no tenía el primer día que cruzó la puerta.

El compromiso no se exige; se cultiva desde el orden y la claridad de quien encabeza el equipo.